La lógica oculta de los problemas humanos: una forma estratégica de pensarlos para poder resolverlos

Este artículo pretende ser informal, pero no por ello poco riguroso. Como comprenderéis no aspira a ser original en el tema, ya que los problemas humanos y el intento de resolverlos son tan antiguos como el hombre;  pero sí en el enfoque, porque el modelo estratégico ofrece una visión bastante novedosa.

¿Qué caracteriza al enfoque estratégico?

  • En primer lugar, diríamos que es un enfoque eminentemente pragmático, es decir, que se dirige a las consecuencias prácticas del pensamiento, y no a la mera teoría, y a su eficacia y valor para la vida. Es decir, provocar un cambio en la dirección deseada, desatascar una situación que nos paraliza, por poner un ejemplo, bastante feo y prosaico, pero muy gráfico: Si vamos por la autopista y pinchamos, podemos bajarnos, mirar la rueda, encontrar el clavo, averiguar quién lo fabricó, quién lo trajo hasta aquí, estudiar la trayectoria exacta que nos ha traído a este punto, la fricción del asfalto, la resistencia del aire… pero hasta que uno no cambia la rueda, no puede seguir: el enfoque estratégico cambia “ruedas”, estudia los elementos que puedan servir de palanca para cambiar la situación y lo lleva a la práctica, teniendo siempre en cuenta los recursos con los que contamos. Y teniendo, como criterio principal la eficacia y la eficiencia, es decir, conseguir el cambio deseado de una forma eficaz, pero también eficiente, esto es: en el menor tiempo y con el menor esfuerzo posible.

  • Asimismo, el modelo de intervención estratégico tiene como objetivo prioritario la funcionalidad, ya que los problemas humanos son mayoritariamente situaciones disfuncionales en nuestra vida. ¿Cuál es realmente la relevancia de este punto? Pues que descarta la “tradicional” visión de lo sano y lo patológico, lo bueno y lo malo, lo normal y lo anormal, en pos de una funcionalidad, de un equilibrio que llamamos funcional. Aquí podríamos poner multitud de ejemplos de la vida cotidiana, ¿por qué la misma situación es un problema para una persona pero no para otra? ¿a qué hora debe acostarse un niño de 4 años? ¿Cuántas veces es normal llamar a cenar a un adolescente? Seguro que encontramos en este grupo multitud de respuestas ¿cómo se explica? ¿por qué para unos padres lo “normal” serían las ocho y media, y para otros las nueve y media está bien? Simplemente porque ambos horarios son funcionales en sus respectivas familias. ¿Tienen un problema las personas que no lloran nunca? ¿y los que lloran con facilidad? ¿podemos llegar a saber qué es lo normal, lo sano? El enfoque estratégico busca la funcionalidad, es decir, la situación que cada persona, cada familia, cada sistema humano, vive con fluidez, sin considerarlo como un problema.

Que todos tenemos problemas es un hecho, y la verdad es que, en general, lo vivimos con bastante “deportividad”… nos pasamos la vida resolviendo problemas, con tanta eficacia que no somos conscientes de la cantidad de situaciones que necesitan una intervención y que resolvemos casi sin darnos cuenta desde que nos levantamos por la mañana. Si, como dice Popper, “la vida es un continuo resolver problemas”, ¿a qué nos referimos cuando decimos que tenemos un problema? ¿qué es un problema? ¿por qué un problema es un problema? ¿qué es lo que hace que ante una situación concreta digamos que tenemos un problema?

Efectivamente, un problema es un problema cuando:

  • Lo vivimos como un problema (¿Es un problema para mí que los platos de la cena queden sucios y se laven por la mañana?)

  • Lo que intentamos para resolver la situación no la resuelve (Mi marido deja la tapa del váter levantada y yo no lo soporto ¿qué intento? Le digo “cariño, me molesta mucho que la tapa esté levantada, por favor, bájala” y él responde “Perdona, no me había dado cuenta, lo haré” pero pasan unos días y se vuelve a dejar la tapa ¿qué intento ahora? Pues está claro, le vuelvo a decir, ya con otro tono, que me molesta muchísimo que deje la tapa levantada, que ya se lo había dicho… y cuantas más veces se lo digo, más irritada me siento porque si sabe que me molesta, si me ha dicho que para él no es un esfuerzo… es que no le importo, ergo es que no me quiere… y ya tenemos un fantástico problema de pareja: que por supuesto intento resolver explicándole una vez más lo mucho que me molesta su actitud… «problemas de comunicación», creo que lo llaman.

¿Y cómo es posible que si resolvemos la mayoría de las situaciones problemáticas de nuestras vida a veces nos encallemos en algo? ¿a qué se debe que, en ocasiones, no encontremos la manera de resolver una situación?

No todos los problemas nacen como problemas; desde nuestro punto de vista hay tres maneras básicas de convertir una dificultad en un problema:

  • Intervenir cuando no se tiene que intervenir (por ejemplo, ¿quién no se ha encontrado en la escena siguiente?: Madre con niño de la mano, tú le preguntas al niño “¿cómo te llamas?” y la madre responde “Juan”; y tú le preguntas de nuevo al niño “¿cuántos años tienes?” y la madre responde “nueve”; y tú insistes preguntándole al niño “¿qué es lo que más te gusta de la escuela?” y la madre responde “las naturales, porque le gustan mucho los animales ¿verdad, Juan?”. Probablemente se trata de un niño tímido, que tiene dificultad para hablar con adultos desconocidos; es verdad que no le resulta fácil, pero si los padres sustituyen al hijo en estos momentos de dificultad, este chico podría acabar teniendo un problema, porque una dificultad de este tipo sólo se supera en primera persona).

  • No intervenir cuando habría que intervenir (por ejemplo, algunos padres que ante la conducta agresiva e incluso violenta de sus hijos, dicen aquello de “yo también era muy temperamental a su edad… ya se irá calmando con el tiempo”. Ésta es la famosa técnica del “avestruz” de esconder la cabeza, que utilizan las personas que viven en la convicción de que si no lo reconozco, aunque lo sufro, el problema no existe)

  • Intervenir de una manera “ineficaz”. ¿A qué llamamos “una manera ineficaz”? Obviamente a la que no produce los efectos deseados, es decir, aquello que hacemos y que no resuelve la situación (si dos aspirinas no me quitan un dolor de cabeza ¿me lo quitarán diez aspirinas?). Aquí hay que remarcar que todos hacemos lo mejor que podemos lo mejor que sabemos con la intención de resolver una situación problemática, es decir, cuando decidimos intervenir lo hacemos según una lógica clara, pensando que es la mejor solución, normalmente dictada por el sentido común ¿no? Pero… no funciona, y el problema no sólo no se resuelve, sino que en la mayoría de los casos se complica. En este punto, hay que presentar uno de los elementos claros del enfoque estratégico, la piedra angular de una intervención estratégica, lo que se conoce como “soluciones intentadas disfuncionales”, es decir, todo aquello que hacemos para resolver un problema desde una lógica ordinaria (sentido común) pero que no consigue los objetivos, que no resuelve el problema.

Y es aquí cuando tenemos que desvelar la lógica del problema, porque la mayoría de las situaciones que vivimos como un problema no sigue la lógica ordinaria, la del sentido común, esa tan evidente de “si tengo frío, añado calor y se acabó el problema”. Por ejemplo, la lógica ordinaria nos diría: “si tengo miedo, añado tranquilidad…” cualquiera de nosotros, sabe que cuando uno tiene miedo e intenta tranquilizarse… difícilmente llega a superar el miedo. O cuando estamos preocupados por algo y decidimos no pensar en ello… ¿se puede no pensar? Si esta lógica funcionara en todos los casos, nadie tendría problemas.

La mayoría de los problemas humanos se fundamentan en lógicas no ordinarias (diferentes al sentido común) ligadas inevitablemente a las emociones básicas humanas (miedo, rabia, dolor, placer). Estas emociones no pueden ser eliminadas, vienen en nuestro diseño humano, sólo podemos gestionarlas de la mejor manera para que no interfieran negativamente en nuestra vida, pero pensad que la mayoría de los problemas vienen de esa idea ingenua, aunque racional, de que puedo “no sentir” a voluntad. Pensad que nuestras emociones nos sirven para interactuar con el mundo de la mejor manera y adaptarnos a nuestro entorno y circunstancias de la manera más eficaz. Para resolver un problema, por tanto, tenemos que conocer la lógica que subyace al problema, la emoción implicada, las soluciones intentadas disfuncionales… todo ello con el fin de diseñar una intervención con estrategias que inviertan la situación, pero que haya sido planificada siguiendo la misma lógica del problema.

Para terminar, os dejo una reflexión sacada de la vida cotidiana:

Parece demostrado que fumar es nocivo para la salud; con el fin de evitar enfermedades graves, muertes prematuras, etc. las autoridades sanitarias intervienen con mensajes tan terroríficos en las cajetillas como «fumar mata»... asusta, ¿eh? Hasta donde el sentido común nos deja intuir, ningún fumador quiere morir... ¿cómo podemos explicar el hecho de que ante la evidencia de una muerte probable alguien siga fumando? ¿por qué esta estrategia no funciona o funciona tan poco? Os dejo una idea para pensar: la emoción que utilizan las autoridades sanitarias en sus mensajes es el miedo, siguiendo la lógica del miedo: si fumas, enfermas y mueres; pero ¿pensáis que el problema del tabaquismo se estructura sobre la lógica del miedo?

 

Por Adela Resurrección

Terapeuta. Especialista en el enfoque  estratégico y la Terapia Breve Estratégica.

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